lunes, 16 de diciembre de 2013


José Luis Akarregi y  Felix Pradera (Mallabia I)


Félix Pradera (Mallabia I) año 1912
Félix Pradera, fue un gran manomanista, hubiera colocado su nombre como Campeón-manomanista, de no encontrase en su camino al Gigante de Arrasate Juan Bautista Azkarate (Mondragonés), contra cuya pegada se estrellaba siempre fatal e inexorablemente. Tenía las debidas condiciones, en proporción muy acordada, de facultades y medios de juego para mover la pelota, siendo además, pelotari brillante y atlético como pocos. También se dedicaba nuestro héroe de hoy a los partidos extravagantes, luciendo en ellos sus enormes disposiciones; jugando con la izquierda, contra pelotaris de segunda, a los que gana o trae a muy mal andar, gracias no solamente a su buena izquierda, sino a la facilidad de acomodarse de revés con la mano izquierdadejando la pelota al ancho, devolviendo una dejada a dos-paredes contrarias, repitiendo la jugada con violencia y esfuerzo solamente concebible en pelotaris de excepcionales facultades físicas. En esta única y antinatural postura, y con pala jugó en Eibar en el año 1918, contra Mondragonés este a mano, fue un partido de emoción y de sustos y uno de los más duros que ha jugado el actual Campeón, Mallavia I, a revés con la zurda, atrasaba, compitiendo con su rival, y adoptando en el txoko posturas de gato para conformar el cuerpo de manera que permitiera, en tal mal sitio, ejecutar el revés con el brazo izquierdo. El partido lo llevaba regularmente Mondragonés cuando saltó la racha de Mallavia I, y ante el terror de la cátedra y del público, igualó al Campeón que jugó el último tanto con fatiga de muerte. A los días del partido comentaba  Juan Bautista Azcarate (Mondragonés), no seré yo quien le vuelva a jugar de nuevo.

Fotografía de cuatro pelotaris históricos en un partido de parejas en el frontón “Astelena-Eibarrés” en el año 1925. Sn de izquierda a derecha: Etxabe III, Artazo, Mondragonés, y Ulacia. (Foto Isabel Vidarte)

Carmelo Etxabe (Etxabe III) 1925
Otro pelotari histórico de la saga de los Etxabe, Carmelo Etxabe (Etxabe III), pelotari atleta por excelencia, el pelotari fornido que arranca un murmullo de admiración cuando sale a la kantxa porque bajo la albura de su camiseta se adivinan los “bíceps dobles” aquellos músculos retráctiles que tanto asombro causaban a los gabarreros de Tarascón cuando pasaban ante ellos, olímpico el gran “Tartarín”, imponente en su trágico silencio, preñado de sueños heroicos.
“El héroe de Midi” hubiera encontrado el león sin necesidad de viajar al África. El león esta aquí…y va a empezar su juego de zarpazos magníficos. El llamarse Etxabe obliga a tener personalidad sobresaliente en la pelota y a fe que Carmelo Etxabe, se lo ha tomado a pecho el cumplimiento de este deber, destacándose netamente como el mejor delantero actual, y creo que bien puede considerar, cuando menos, no superado por ninguno anterior. Llena la kantxa su figura juvenil, pletórica de vida de fisonomía añadida que contrasta con la fuerza y brío  varoniles que denuncian sus movimientos y el aplomo de su cuerpo recio.
Su juego no responde en absoluto a la impresión de fuerza y majestad que irradia de su aspecto físico; pero además, tiene otras muy altas cualidades que le avaloran un mérito positivo en armónica proporción de habilidad, precisión y potencia. Es quizás el pelotari en el que se han reunido las mejores condiciones artísticas, coincidiendo con unas esplendidas facultades físicas. Con su hermano Estanislao y Mondragonés, representan la culminación del actual juego de pelota a mano, al que dan hoy el interés estas tres grandes figuras, perfectamente definidas en sus respectivas especialidades.


MARIANO JUARISTI MENDIZÁBAL (ATANO III), CONQUISTÓ (5 TXAPELAS) DEL CAMPEONATO-MANOMANISTA (1927-1946)

                
Fotografía y busto del fenómeno de la pelota a mano el Azkoitiano
Mariano Juaristi Mendizábal (Atano III)
 
Mariano Juaristi Mendizabal, (Atano III) nació en Azkoitia-Guipùzcoa el 21 de febrero de 1904, debuto en el Astelena en el año 1922, y falleció en Azkoitia el 12 de Enero de 2001. Cuando 
Atano III, se asomó a los frontones, reinaba en la pelota a mano Juan Bautista Azkarate (Mondragonés), un coloso dotado de una pegada como no se ha conocido otra en la historia de la pelota a mano. De él se contaban anécdotas increíbles. Más de una vez había metido la pelota entre el público situado en las últimas filas de las localidades colocadas al fondo de la kantxa en los últimos cuadros de frontones de herramienta de 54 a 60 metros.



Fotografía histórica de dos fenómenos de la pelota a mano el gran Juan Bautista Azkarate (Mondragonés) y el (Txapeldun) en esta fotografía sin su txapela Mariano Juaristi Mendizábal (Atano III)

Por fin en el año 1926, llegó la confrontación inevitable. La afición exigía el enfrentamiento entre ambos pelotaris con el título de Campeón en juego.
Recordemos que el campeonato se disputaba todavía a la manera tradicional.
Una manera muy del país, que se integraba en la formula de las viejas costumbres.
Se jugaban tres partidos y el aspirante debía ganar dos de ellos para proclamarse Campeón-manomanista.
El primer partido se jugó en el frontón Moderno de San Sebastián, el 31 de octubre de 1926, con la victoria de Atano III (22-19) el segundo enfrentamiento se jugó en el frontón Astelena de Eibar, una semana más tarde, nuevamente Atano III triunfo sobre Mondragonés, en esta ocasión con más facilidad (22-12); y el tercero y último, que ya no era necesario puesto que Atano III, habia ganado los dos partidos anteriores. Se disputó en el frontón de Bilbao, el día 1 de Enero de 1927, y nuevamente volvió a ganar Atano III, (22-7) así pues Mariano Juaristi Mendizábal se proclamó el nuevo Campeón-manomanista, reinado que mantuvo la friolera de (21 años).

Hay ahora quienes al hacer historia del juego de la pelota se limitan a registrar cuatro títulos en el historial de Atano III, 4 txapelas ganadas cuando se oficializo la competición y se regularon los Campeonatos de manomanista y el de parejas y una conquistada el 1 de Enero de 1927, frente al gigante de Arrasate, Juan Bautista Azkarate (Mondragonés,

 

domingo, 15 de diciembre de 2013

SIMÓN BOLIBAR, PELOTARI EN MADRID


MADRID AÑO 1799
En confirmación de tal aserto pongamos de relieve un hecho acaecido en el año 1799 entre dos futuros paladines de naciones.
Uno de los personajes se llamaba Simón Bolívar.Contaba éste a la sazón (17 años). Dedicado a la milicia con el grado de subteniente, su padre le envió a Madrid a completar su instrucción y educación, harta deficientes.Durante ese viaje fracasó en sus gestiones de entablar relaciones con el futuro Emperador de Francia Napoleón Bonaparte, con todo en su ambición dio su nombre a las sociedades secretas. En la capital Española brillaba la estrella de otro “Caraqueño” llamado Manuel Mayo, guardia de “corps” de la Corte, influyente con la Reina María Luisa, pintada por el mágico pincel de D. Francisco de Goya. Desbancada la privanza del otro palaciego, Godoy. A él venía recomendado nuestro Simón Bolívar. La opereta real protagonizada por aquellos admitía desde este momento a otra figura, Simón Bolívar que a su vez consiguió eliminar la influencia amorosa del privado Venezolano. Las idas y venidas de Bolívar en compañía de María Luisa al Palacio Real se hicieron frecuentes. Un día concertaron un partido de pelota en Aranjuez, el Príncipe  D. Fernando y Simón Bolívar.Tal suceso no merecería el honor del recuerdo si no fuera por el final tragicómico. Cuando más ardientemente disputaban a raqueta, el venezolano, desde la zaga, cometió una pifia fenomenal, dando la pelota en la cabeza del más tarde rey de España. El gorro del Príncipe voló  y de resultas del golpe quedó conmocionado. Pero fue más el susto que otra cosa.
Años después comentando el “Libertador de América” descendiente de vascos, aquel episodio afirmaba socarronamente.
“Quien habría de decir a Fernando VII de España que había yo de arrancarle más tarde los más hermosos florones de su corona…”
Así sucedió efectivamente:


 
Cuadro del frontón, pintado por el Chileno Santiago de Arcos, 
a principios del siglo XX
                                           

AÑO 1800
Rebelais en el siglo XVI, en su obra “Gargantúa”; pone un “Enigma” en profecía y en verso que, a estar a lo que el propio autor dice por boca de uno de sus personajes, es una metáfora pelotistica.
Pero creemos que fue Bajot el primero y seguramente el último también en componer un poema a la pelota.
Lo hizo hacía el año 1800, es decir en plena época de decadencia de los “jeux de paume”, largo y corto, y lo dedica a la “longue paume” en particular.
Tal vez le ilusionó pensar que esa modalidad al aire libre y con raqueta pudiera atraer a los amantes de los ejercicios al aire libre y contribuir al resurgimiento del juego.
Por aquella misma época comenzaba a adquirir importancia una robusta rama del juego de pelota: la llamada pelota-vasca. También ella, como la pelota tradicional o europea, suscitaría manifestaciones literarias, que al principio serán meramente orales, no escritas. Oscuros y modestos bardos ponen en rima euskerika las hazañas de sus pelotaris, hijos del pueblo, y éste las canta en sus reuniones.
Paro aún ha de pasar bastante tiempo antes de que esas producciones de los “versolaris” se trasladen al papel impreso.
Mientras, se irán manteniendo, más o menos deformados en la memoria de las gentes. Se supone que los primeros versos impresos (los llamados “bertso-papera”) comenzaron a parecer entre los años 1815 y 1835.
Pero versos de esa época referentes a la pelota en particular no se han encontrado aún: todos ellos son posteriores a Iztueta en su “Historia de Guipúzcoa” escrita en euskera en el año 1845, nos da a conocer unos versos alusivos a un partido celebrado en el año 1720, que él conocía a través de los ancianos de su tiempo y que estaban inéditos. Tampoco es demasiado antigua la publicación de los cantos que hablan de Perkain y de Azantza, pero no se puede dudar de que fueran compuestos mucho antes, en vida de estos pelotaris.
Nos llama la atención de los investigadores el hecho de que en las “Pastorales”, género teatral muy antiguo y eminentemente popular no salgan a relucir los pelotaris entre sus personajes, y deducen de ello que el juego de pelota no era popular antes del siglo XIX.
Deducción totalmente errónea, desmentida por multitud de irrebatibles pruebas. Pero con todo resulta interesante llamar la atención sobre esta ausencia del juego nacional de los vascos en los argumentos de las Pastorales.
Después de 1850 los versolaris muestran mayor interés por el juego es decir, por ocuparse de él en sus versos.
Pero se advierte que ese interés es mayor entre los bardos franceses (koblariak pertsulariak). Fueron ellos quienes cantaron las proezas de Perkain y de Azantza, quienes pusieron coplas a un partido “Internacional” en Urruña y quienes inmortalizaron el partido de Irún en el año 1846.
Esto nada tiene de extraño por otra parte, pues Perkain y Azantza eran Vasco-Franceses, y los citados partidos fueron ganados por los vasco-franceses contra los del sur…seguro que si sucede a la inversa ellos habrían permanecido mudos y cedido la musa a sus hermanos de la península…
El Padre A. Zavala, menciona algunas composiciones que hablan de rivalidades internas que bullían entre los pelotaris de allende el Bidasoa.
También eso es natural, pues la pelota ha sido uno de los medios más poderosos para fomentar los localismos no siempre, por desgracia exentos de pasiones bastardas y de motivaciones extra deportivas.
“Es muy digno de tener en cuenta añade el Padre Zavala que esta época de desafíos a la pelota corresponde exactamente a la época de desafíos entre versolaris.
En efecto, el espíritu de competición obligaba al Bersolari, a ampliar el campo de su temática, y ciertamente que la pelota le daba ocasión para ello.
Pero con todo, y aun teniendo por muy sugestiva la observación de A. Zavala, la verdad es que no se conservan, como hemos dicho, muestras poético-pelotisticas de la primera parte de esa época de desafíos, salvo en contadas ocasiones, con partidos inéditos a mediados del siglo XVIII
En el año 1853 el sacerdote Martín Ettxegaray marra un partido Lamiarrieta, que el lector vasco podrá leer como la mayor parte de los retazos literarios que se citan en este preámbulo.
Ese mismo año, otro sacerdote-poeta publica su poema “Euskaldunak” que contiene un capitulo dedicado al juego de pelota.
Comienza con él una nueva etapa en la literatura vasca de la pelota, marcada por la aparición de unos escritores dotados de auténtica calidad poética, superior en su forma a la del simple bardo popular sin más preceptiva literaria que la de su instinto le dicta.
Poco después de 1860 los versolaris de la generación del gran “Xempelar” nos legan inestimables muestras de su ingenio poético aplicado a la interpretación, objetiva o subjetiva, del juego de la pelota.
Udarregui relata en el año 1862 un partido jugado en San Sebastián en el que intervienen elementos tan destacados como el Oyarzuarra “Urtxalle” y el Aheztarra de (Laburdi) Mateo, llamado “Frantsesa”. Luego los Azcarate, los Santa Cruz, los Txirrita y otros muchos siguen cultivando ese motivo, que posteriormente pasa a formar parte del temario obligado de los concursos de versolaris hasta nuestros días.
Los modernos bersolaris tampoco desdeñan tratar del juego vasco por antonomasia. La técnica de esos vates se ha ido perfeccionando, su estilo se ha hecho más elevado, su vocabulario más depurado, su forma más acabada.
Podría decirse de ellos, sin exagerar, que son superiores a muchos de los que antaño fueron  tenidos por buenos poetas.
El primer prosista vasco de la pelota ¡primero en tantas cosas¡ fue Juan I de Iztueta.
El capitulo de su libro de danzas titulado “Pillotariak” constituye una amplia crónica de la pelota, que refleja su modo personal de enjuiciar el estado de este deporte en su tiempo y en su provincia natal, Guipúzcoa.
Es un encendido elogio, con ribetes de epitafio, de la pelota antigua, el “Largo”; y una diatriba violenta de los nuevos modos recientemente implantados.
Claro que Iztueta no pretende, ni ahí ni en el resto de su libro, hacer “literatura pura”; pero todo el fragmento es un exponente del estilo iztuetano, tan característico y personal, y no sería justo silenciar su nombre entre los literatos ni dejar de incluir el texto de su capitulo en esta antología de la pelota.
Después de Iztueta la prosa euskérica sobre la pelota enmudece. El mismo vuelve a tomar la pluma, hacia el final de su vida, para cantar las glorias de su amada Guipúzcoa, y reincide sobre el tema, pero ahora lo hace con menor extensión y con un acento muy distinto.
Y después de él, prácticamente nada hay hasta bien entrado el siglo XX.
Anotamos, eso sí, unas cartas en euskera que refieren hechos de mediados del siglo XVIII, el famoso partido de Irún entre 1846-1857, la intervención de la txistera, pero se trata de escritos del primer cuarto del siglo, que relatan sucesos no vistos por sus autores aunque, eso sí, perfectamente comprobados.
Entre los autores del otro lado del Bidasoa destaca principalmente el nombre del Dr. J. Ettxeparen. Su “Pilota Partida” es una pieza antológica que puede ponerse a la par de las mejores producciones similares en otros idiomas léase Unamuno o Pierre Loti.
Conviene recordar que el Dr. Ettxeparen poseía, además de su gran talento literario, un profundo conocimiento del juego de la pelota y de la patología especifica de los pelotaris, como lo demostró en su tesis doctoral, publicada en el año 1900.
Iturralde segundo apellido del académico Pierre Lafitte es también un excelente conocedor de la pelota y de sus problemas.
Véase si no la magistral pintura que nos hace de María Lazo y de sus pintorescas andanzas por las plazas de pelota del país.
Si D. Antonio Peña y Goñi se ganó el titulo de “maestro de la biografía” el abate Jean Elissalde merece igualmente tal calificativo por sus tan bien logradas semblanzas de los pelotaris de su tiempo.
Damos en esta “Antología” dedicada al Oriotarra V.Embil, gran jugador de rebote que gozó de la más alta estima entre los pelotazales de allende el Bidasoa.
La pelota-vasca espera la aparición de nuevos Ettxepares y de otros Elissaldes que vengan a continuar el cultivo de la “pelota-literaria” que ellos elevaron a tanta altura; o bien, que los actuales maestros de la prosa euskérica cada día más abundantes pongan sus ojos y su intención sobre nuestro juego ancestral y le concedan, de tanto en tanto, el regalo de unas parrafadas, de unos capítulos o de alguna otra obra de mayor aliento, que, viendo de ellos, siempre habrá de ser interesante, atrayente e instructiva.
Hasta la difusión mundial de la pelota-vasca a finales del siglo XIX, los escritores españoles, muy pocas veces habían elegido a la pelota con miras literarias.

Sólo la empleaban, por lo común, para sus metáforas poéticas, para describir algunos de sus aspectos o para enjuiciar sus valores deportivos y morales.

jueves, 12 de diciembre de 2013

VALENTIN CASTELLANOS (ZAPATERITO DE LEKEITIO)
CAMPEÓN-MANOMANISTA (1912-1913)

Valentín Castellanos (Zapaterito de Lekeitio)
“Campeón-manomanista con una txapela”

 Lekeitio-Vizcaya año 1912
Valentín Castellanos Ciarreta,(Zapaterito de Lekeitio) nació en Lekeitio-Vizcaya el año 1889, debutó en el frontón de Markina el año 1906, falleció en Madrid el año 1943.
Sin embargo, su historial deportivo está lleno de grandes hazañas. A los diecisiete años debutó en Markina perdiendo contra Martínez por 24-16, pero seis meses más tarde obtuvo la revancha en el Municipal de Eibar arrollando a su rival por 24-8.
El pelotari Lekeitiano, tiene una versatilidad, una inconsistencia básica, que le permite alcanzar un día las alturas reservadas a los “ases” para caer al siguiente en el montón de los mediocres, con actuaciones deficientes y hasta malas.
No pretendemos averiguar el origen de estas desigualdades, que jamás he sabido explicarlas; y si alguna vez oyendo hablar a Zapaterito de su juego, me ha cabido esta esperanza, pronto he renunciado a ella, porque el mismo interesado, jamás ha estado en el secreto del juego.
!!Y que juego señores¡¡ Nadie más suelto, más airoso, elegante, nivelado de manos, que Valentín Castellanos. Su atlético aspecto en la kantxa, sus rítmicos movimientos en la espera del bote y en el momento del golpe; su giro clásico de cuerpo, acompañando la acción del brazo apoyándose sobre el pie contrario; la preparación para la respuesta de “izquierda” en las pelotas de “pared ancha” y en los rebotes altos su andar rápido y concertado en la kantxa…todo en fin, lo que hace y señala al pelotari, lo reunía en proporción conveniente, y, sin embargo, no supo mantenerse en el alto lugar para el que sus facultades excepcionales le habían preparado. Quizá en su carácter ligero, alocado, de una alegría infantil, despreocupado, imprevisor, está la llave de este enigma, verdaderamente inexplicable. Pero, en fin hagamos historia y quizá de ella salga la silueta que buscamos, sin acertar el rasgo decisivo. Hijo de un gran pelotari heredó las disposiciones y la postura de su padre, haciéndose notar muy pronto entre los jóvenes aspirantes a un puesto en la pelota profesional. Comenzó  a jugar en la kantxa del frontón Astelena eibarrés, en segundos partidos, acompañado de Jáuregui, gran “botaboleísta”; Txikisia, Amaña y otros que no llegaron a pasar de los buenos estilos que apuntaban.
Valentín era todavía un niño, pero con un nervio y poder de una persona mayor; entonces ya se señalaban sus actuaciones desiguales, poco formales.
Actuaba en partidos, defendidos con constancia y amor propio, y jugaba en otros sin el asiento debido comprometiendo el tanto con “cantadas”; buscando remates fantásticos, jugadas de relumbrón, que, cuando salen bien, entusiasman a la galería pero con todas las probabilidades de salir mal, si se repiten con frecuencia.
En muy poco tiempo, el niño se hizo un “recio morrosco” de bien plantados hombros y pecho hondo, y correspondiendo a su aumento de fuerza y peso, creció en pegada, llegando a ser en su tiempo, el pelotari que más extendía la pelota con ambas manos, manteniendo constantemente el tanto en los cuadros traseros.
No se avenía su carácter a los partidos por parejas, lentos muy trabajados, y como era la época de los Txikito de Azkoitia, Cantabria y Txortena II, alternó con ellos, en magnificas exhibiciones, en el (mano a mano), clasificándose con varias alternativas, entre las primeras figuras.
Aún este juego de la pelota (mano a mano), adolecía Valentín de defectos fundamentales:  Primeramente, le faltaba una orientación táctica que dirigiera sus esfuerzos en un sentido definido, buscando con insistencia el defecto de sus contrarios, para trabajarlo en aquel fallo; luego abusaba de sus facultades, prodigándolas en los primeros lances del encuentro, forzando la pegada por “hacer marcas” y sin preocuparse mucho de la colocación, que a manudo le resultaba defectuosa, restando así eficacia a su juego; tenía a su vez, la obsesión de la brillantez, preocupándose del remate y aun anticipándolo, con cortadas formidables a la punta, ejecutadas desde muy lejos, con la izquierda, y que, a pesar de su extremada violencia, permitían al contrario colocarse con tiempo, adivinando el tiro Sus contrincantes de entonces tenían menos juego que él (salvando a Cantabria quizá), “administrándolo” en cambio, mucho mejor y rigiéndolo con inteligencia de maestro. Así Txikito de Azkoitia, muy veterano para entonces, le ganaba partidos, gracias a su maestría, que contrarrestaba la enorme diferencia de facultades a favor del Lekeitiano.Sin embargo, tengo que anotar aquí “una tarde completa” de nuestro héroe, quizá la más completa de su vida como pelotari, y que tiene interés en la historia de la pelota.

Homenaje en el Club deportivo Bilbaíno, a cinco grandes pelotaris de la época de “Oro” de la pelota a mano, que fueron grandes Campeones en el manomanista.

                   
Son de izquierda a derecha: Txikito de Azkoitia, Francisco Arano (Baltasar), Txindurri, Maiz y Bernardo Garate (Cantabria) Bilbao 11 de Noviembre de 1931

Por aquella época hizo su aparición en las kantxas, la famosa pareja riojana “Bojas-Rana de Murillo”Extraña pareja, que nunca daba sensación de cantidad de juego y que, sin embargo, llegó a ganar a los mejores pelotaris en partidos de los dos, contra Txikito de Azkoitia, Cantabria y contra el mismo Zapaterito de Lekeitio.
Las piernas infatigables de Bojas, su continua y única jugada al “txoko”, intercalando oportunamente un “zurdazo” al ancho, habían abatido a los maestros, desconcertados ante aquella resistencia y “gotera” que eran la característica de la pareja.
A todo esto, Rana de Murillo, escasísimo jugador, viejo ya y sin condiciones físicas, cuidaba justamente la dejada o cortada del ancho, quedando para Bojas el resto de la kantxa, en la que se desenvolvía pegando muy poco pero colocando mucho.
Valentín Castellanos (Zapateritode Lekeitio), desafió en Mondragón a la pareja, concertándose el partido para ser jugado en el Astelena eibarrés. Ante la clase de pelotaris, nadie dudaba del descalabro del Lekeitiano, al que juzgaban incapaz de sostener la larga lucha a que se avenían aquellos partidos, por su condición especialísima.Pero precisamente para estos trances tenia Valentín arrestos inesperados hizo un partido que duró dos horas largas peloteando con un aplomo y una seguridad notabilísimos atacando con furia con cortadas al Rana, buscando el resto débil de éste, para castigar viva y duramente la pelota, provocando descolocar a Bojas, tan maestro en este punto. Hay que confesar ingenuamente, que no se había visto nunca superarse un artista en la proporción que lo hizo ese día Zapaterito  de Lekeitio.Los tantos, ganados a pulso, después de una brega durísima, no agotaban al pelotari; antes al contrario, después de breve descanso, salía a la kantxa como un “toro bravo” pidiendo pelea y arremetiendo siempre, manteniendo la iniciativa y el ataque en un sobrehumano esfuerzo. Al final del partido, una aproximación pareció amenazar la gloría del vencedor, tan legítimamente ganada; pero triunfó al fin, ganando mucho cartel y mucho dinero, en aquella jornada, que supuso el mayor éxito de su vida profesional. Posteriormente nada hizo Zapaterito por mantener su prestigio como pelotari excepcional. Su carácter ligero, irreflexivo de “arlote pintoresco” le restaron simpatías y el aprecio del público de los frontones, siendo una lástima  que un pelotari de su talla y categoría “definitivamente elegante” no fuera lo que siempre debió ser. Dos anécdotas que le retrataron de cuerpo entero: En cierta ocasión jugaba en Bergara un partido que había despertado gran interés. El frontón, lleno de público, sentía una gran inclinación por el Zapaterito de Lekeitio, y hasta el dinero se voceó por él, en proporción de “veinte a catorce”. Efectivamente nuestro héroe no dio una a buena y el partido fue un verdadero desastre, decepcionando al público, que se hartó de “armar escándalo”
En lo más recio de éste. “Zapaterito” se creyó en el caso de desagraviar al “respetable” y dirigiéndose sonriente a la contra-kantxa, anunció: “Para dar gusto al público, voy a dar unos pelotasos”. Y lo que dijo un amigo colocado junto a mí: ¿Vas a matarlo?...! Pues hay que dejarlo ¡”  En parecida ocasión, entre los comentarios poco favorables que hacia el público a una actuación de Valentín, el más gráfico, el que mejor retrata la impresión que causaban su personalidad y carácter, lo reflejó el que, a voz en grito, le dirigió un amigo suyo, concebido en estos originales términos. “Tú, Sapaterito; si Díos te haría animal (aquí, lector, un “taco”), viento Sur o así te haría”. Sin embargo, su historial deportivo está lleno de grandes hazañas. A los diecisiete años debutó en Markina perdiendo contra Martínez por 24-16, pero seis meses más tarde obtuvo la revancha en el Municipal de Eibar arrollando a su rival por 24-8. En 1912 era ya una figura y ganó, en el Municipal de Elgoibar por 22-11 a la pareja Mallavia I y Baltasar. En Ordizia jugó contra el trío que formaban Oyarzaábal, Mercero y Elícegui. En este partido tras dos horas y medía de encarnizada lucha, y teniendo el marcador 22-21 a su favor para 24 cayó desmayado y tuvo que suspenderse el partido. Se enfrentó a Juan Bautista Azcarate (Mondragonés” a principios del año º1913, sacando ambos pelotaris desde el cuadro 3 y venciendo Zapaterito por 22-3.
En junio de ese mismo año venció a Cantabria I en el Astelena eibarrés  en la disputa del campeonato-manomanista.
En el año 1914, en el Municipal de Ondárroa vencía a la pareja  Fernández-Rómulo por 22-20, después de dos horas de lucha.
En el año 1915 aplastó 24-3, en el Municipal de San Sebastián, a los hermanos Errasti y en el Astelena eibarrés a la pareja Riojana “Rana-Bojas”.

JUAN BAUTISTA AZKARATE (MONDRAGONÉS)
CAMPEÓN-MANOMANISTA (1913-1926)

Juan Bautista Azkarate (Mondragonés)

 Mondragón 1892
Juan Bautista Azcarate (Mondragonés), nació en Mondragón-Guipuzcoa el 24 de Junio de 1892, debutó en el desaparecido frontón de Atocha de San Sebastián el año 1911, falleció el 11 de Abril de 1965. En 1916, también en el Astelena, jugó contra Mallavia I, este con saque libre, y él ejecutándolo desde el cuadro 3 de entrada Mallavia I, se colocó en 19-3, pero acto seguido Zapaterito hizo 19 tantos seguidos, ganando el partido.
Vicente Castellanos “Zapaterito de Lekeitio” se retiró de la pelota activa en 1925 y sus últimos años no fueron fáciles. En el año 1939 se le tributó un gran homenaje en el frontón Gros de San Sebastian, con un bonito enfrentamiento de parejas, Dionisio Onaindia y Juan Bautista (Mondragonés frente a Txikito de Irateta-Altuna con el resultado final de 22-20 favorable a Txikito de Iraeta-Altuna. Trabajó como corredor en un frontón Madrileño y falleció en la Capital en 1943). Muas veces hemos leído por supuesto, oficioso que el Campeonato-manomanista pasó de Cantabria a Mondragones y precisamente a través de esta biografía sabemos que también “Zapaterito de Lekeitio” lo ostentó aunque fuera fugazmente.

Grandes pelotaris de la época de oro de la pelota a mano, en enfrentamiento de parejas son de izquierda a derecha: Carmelo Etxabe (Etxabe III), Artamendi, Juan Bautista Azcarate (Mondragonés) y Txikito de Lekeitio.

Louis Toulet, señala en uno de sus artículos, que uno de los partidos que ha quedado grabado en la história de la pelota fue. El famoso partido de Hasparren que enfrentó a Mondragonés contra la formidable pareja los hermanos Dongaitz, León e Isidoro”
Las apuestas se habían inclinado abiertamente por la pareja. Y llevado de su fervor retrospectivo, el cronista resalta retóricamente las efemérides:
El pourtan. Beau comme un dieu, frapant avec sa monchalance souveraine qui cachait une puissance invraisemblable…” añade que Mondragonés silencio a los apasionados apostadores al colocarse con un 13-1 a su favor, evitando con “sa puissance” que León, el delantero, el mejor delantero “que nous ayons jamais eu” pudiera entrar a ninguna pelota franca mientras tuvo a su hermano Isidoro clavado en el rebote, restando una y otra vez los tremendos pelotazos del Coloso de Arrasate.
Pero Isidoro con su increíble resistencia, obligó finalmente al coloso a cambiar su estrategia, al ver que atrás no podía  materializarse el tanto, y al intentar hacerlo en el terreno que cubría León, vino la gran voltereta en el marcador y los hermanos Dongaitz terminaron doblegando al gigante. Lo que tuvo la virtud de devolver a los apostadores su agresividad…y su voz. En torno a la honradez profesional de Juan Bautista Azcarate (Mondragonés) había toda una leyenda, se decía, por ejemplo, que era el unico pelotari autorizado a “parar” una traviesa desde la kantxa.


miércoles, 11 de diciembre de 2013


      FRONTÓN "URUMEA" DE SAN SEBASTIÁN, 29 DE                                          SEPTIEMBRE (AÑO 1944)
 
Aspecto que presentaba el frontón “Urumea” de Donostiarra el día 28 de Septiembre de 1944, el día de la final del “Campeonato-Individual de remonte entre “El Mago de Arróniz” Jesús Ábrego y 
José Mª Salsamendi (Salsamendi III.)    
 3ª Campeonato-individual
El 28 de Septiembre de 1944. Con un ambiente fenomenal se celebró en el frontón “Urumea donostiarra” el tercer Campeonato-Individual de remonte, entre el “Rey del remonte” Jesús Ábrego (34 años) y el joven pelotari de Orio-Guipúzcoa,  (19 años) José Mª  Salsamendi III, fue un partido con  muchas alternativas  en el marcador. La primera cifra corresponde a Ábrego- 2-0, 2-4, 3-6, 7-7, 9-9, 8-12,10-14, 2314, 23-19, 24-20,26-22, 29-25, 34-25, 34-32 y 35-32 final.Como podemos ver por el marcador el joven Salsamendi III, dio mucha mas guerra de la esperada al “Mago del remonte” que hay que decirlo cuando se celebró el partido Jesús Ábrego, salía de una lesión que le había tenido en el dique seco durante varios días, y no se encontraba en su mejor momento de juego

          
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Los protagonistas de la final a la izquierda José Mª Salsamendi III y a la derecha
Jesús Ábrego “El Mago de Arróniz” en la elección de la pelota

Final del campeonato-individual de España de remonte Jesús Ábrego 35: Salsamendi III 32: Abrego I, revalido el titulo de indiscutible Campeón-individual” de remonte que venia ostentando por derecho propio.
Para renovarlo hubo de luchar ayer, contra el joven Salsamendi III, un nuevo valor de la especialidad. Gran pelotari todavía en embrión, que alcanzaba el máximo de su aspiración al llegar a disputar la final al “Mago de Arróniz”.
Ya lo comentábamos ayer, que la pelea era peligrosa para Jesús Ábrego, en un momento mediano de juego, sin recuperarse físicamente por sus muy espaciadas actuaciones debido a las lesiones sufridas.
El temperamento del “Mago”, nervioso, su excesivo amor propio y la responsabilidad por lo que se jugaba en el encuentro, constituían un gran “hándicap”, mientras que su oponente José Mª Salsamedi III, lo había logrado todo con llegar a la gran final, podía actuar libre de preocupaciones y responsabilidades.
Y así fue, Abrego I, cohibido, entregado solamente a un juego defensivo y salsemendi III sereno, optimista, jugando todo lo que se puede jugar, ofreciendo un enfrentameniento muy competido, que se decidió a favor de Jsús Ábrego por su mayor habilidad cuando lo lógico hubiera sido que se decidiera desde la primera decena no sólo por la categoría del “Mago” sino, por la dureza de su pegada, que tiene más y por su intuición y colocación, muy superior a los demás pelotaris. Jesús Ábrego obtuvo con el saque diez tantos y un fallo y Salsamendi III sin ningún fallo consiguió 11 tantos con el saque.
El marcador osciló a si teniendo en cuenta que la primera cifra corresponde a Jesús Ábrego: 2-0, 2-4, 3-6, 7 y 9, iguales, 8-12., 10-14, 23-14, 23-19, 24-20, 26-22, 29-25,, 34-25, y 34-32 y 35-32,  final.



El público que llenaba el frontón “Urumea” hasta los topes, al finalizar el partido tributó una gran ovación a los dos pelotaris. a la izquierda de la fotografía el joven (Salasamendi III) y a la derecha "El Mago del Remonte" D. Jesús Ábrego Narvarte


martes, 10 de diciembre de 2013



Los primeros Campeonatos (Individuales) de remonte se celebraron en el año 1915, en el frontón de verano descubierto frontón “Jai-Alai” del barrio Donostiarra de Ategorrieta, participaron los cuatro “Ases” del cuadro Pequeño de Elgoibar, Arzamendi, Berolegi y 
“El León Navarro” Joshé Irigoyen.

     Programa anunciador del “Campeonato-Individual de remonte” en el frontón descubierto de verano el                                          frontón “Jai-Alai” en el barrio donostiarra de Ategorrieta.


En el año 2004 la modalidad de pelota vasca de remonte cumplió un siglo de vida. El guante de mimbre que introdujera el Pamplonés Juan Moya Bernedo, pronto recibió la aceptación de los pelotaris que jugaban bien con guantes de cuero o bien a mano descubierta.
         

El Guante, el 1º inferior  que fue desplazado por el remonte 2º superior en el año 1904 año de su invención por el Pamplonés Juan Moya Bernedo

San Sebastián 25 de Julio de 1915
La ciudad de San Sebastián en la que por aquel entonces se respiraba un aire liberal y aristócrata no tardó en adoptar aquella nueva modalidad que fusionaba el juego tradicional con las nuevas corrientes, y la Empresa de Pelota del Moderno congregó a las mejores figuras que destacaban en la cancha.
La afición remontista no cesaba de aumentar. No había día en que no se editara alguna crónica sobre estos partidos, que en aquellos primeros años prevalecían incluso sobre el fútbol.
Los partidos solían ser de dobles, individuales, de uno contra dos o incluso de dos contra tres. La empresa procuraba hallar el equilibrio entre las parejas atendiendo a su nivel deportivo, y también para decidir el cuadro por el que iba a realizarse el saque. Así es como empezaron a organizar campeonatos.
Para dar con noticias sobre los primeros campeonatos que tuvieron lugar en San Sebastián, se han de hojear los antiguos periódicos del verano de 1915, fecha en la que se celebró un majestuoso campeonato individual entre los cuatro mejores pelotaris del momento.
     

Aspecto que presentaba el frontón Jai-Alai Donostiarra en  la celebración del “Campeonato-Individual” de remonte del año 1915.

Tales jugadores no eran otros que Pequeño de Elgoibar, que jugaba en Pamplona, y Arzamendi,Berolegi e Irigoien, de San Sebastián. Los partidos a jugar eran dos: el día de Santiago tendría lugar el de Pequeño de Elgoibar contra Arzamendi, y el siguiente sábado el de Berolegi contra Irigoien. La gran final entre los vencedores se celebraría el 8 de agosto. Todos los saques se habrían de realizar desde el noveno cuadro. El campeón no sólo se alzaría con el preciado título, sino que además obtendría una medalla y un premio dotado con 500 pesetas. Los partidos se jugarían en el frontón descubierto Jai Alai de Ategorrieta, a las cuatro y media de la tarde, y en el caso de que hiciera mal tiempo, en el frontón cubierto Moderno de Atocha. El punto de venta de las entradas estaba localizado en la Central de Automóviles, en el número 1 de la Alameda (en el Hotel Central del Boulevard). Todas las sillas, palcos y galerías estuvieron llenos a rebosar en los tres partidos. Ni tan siquiera el doble de gradas habría sido suficiente como para dar cabida a todos los aficionados. Había espectadores incluso en el tejado. En lo que respecta al precio de las entradas de este Campeonato, hay señalar que los palcos de ocho estaban a 22 pesetas, las sillas numeradas de la cancha a 3, y los bancos de la cancha a 2 pesetas. Las primeras filas de la galería costaban 1,25 pesetas, y las restantes 0,75.


El pelotari Navarro Joshé Irigoyen “El León Navarro” que participó en el campeonato-individual de remonte, y que perdió frente al gran remontista Azpeitiano Berolegi

Concentrémonos, pues, en el partido. La cátedra en la primera eliminatoria presentaba una desproporción de 20 a 15 a favor de Pequeño de Elgoibar; no obstante, Julian Arzamendi se impuso sin dificultad alguna y el partido finalizó con un resultado de 50 a 33. A ambos pelotaris les resultó muy difícil mantenerse al margen del ambiente reinante, y si bien al principio no realizaron un buen juego, Julián terminó por ser el vencedor absoluto frente al elgoibartarra.
En la segunda vuelta para la final, celebrada el día de San Ignacio, Berolegi tuvo como contrincante al joven Irigoien. El periodista del diario republicano La Voz de Guipúzcoa aseguraba que el ambiente en Ategorrieta superaba con creces al que se respiraba durante la época dorada, treinta años atrás.
La cátedra se inclinaba por Berolegi, a pesar de ir perdiendo 27 a 18, y haberse caído y lastimado la cabeza. Los espectadores se llevaron un buen susto cuando tuvo que ser conducido a la enfermería, aunque sus temores se disiparon al observar que regresaba a la cancha. Y no defraudó a sus seguidores: lleno de ímpetu, consiguió empatar en dos ocasiones, a 28 y a 32, y no tardó en tomar la delantera, consiguiendo el pase para la final gracias a un resultado de 50 a 42.
La empresa organizó partidos previos a la celebración de la final entre las cuatro figuras, de parejas, de perdedores contra ganadores. El primer día de agosto, cuando Irigoien y Pequeño de Elgoibar iban ganando 4 a 2, la lluvia obligó a suspender el partido, que tuvo que postergarse hasta el día 5. Tres de los pelotaris, junto a Vega, partieron hacia el frontón Moderno. ¡Apenas había espacio para albergar a la cantidad de espectadores, que acudieron en tranvía, en coche y en automóviles! El partido concluyó con la victoria de Irigoien y Vega, frente Arzamendi y Pequeño de Elgoibar, con un resultado de 50 a 39. En el segundo partido, que tuvo lugar el 5 de agosto, Berolegi y Arzamendi arrasaron y dieron una inmensa paliza a Irigoien y Pequeño de Elgoibar, ganando por 50 a 26. Los rojos no consiguieron imponerse en el marcador ni en una sola ocasión.
Por fin, llegó el día de la gran final. A las cuatro y media de la tarde el Frontón Jai Alai ofrecía un aspecto inmejorable. Se respiraba una gran excitación, ya que el primer partido de la jornada iba a ser nada menos que la final.

Los dos pelotaris finalistas del Campeonato Individual de remonte, son: Julián Arzamendi Larrea  y Félix Berolegi Orbegozo

Los jugadores fueron recibidos en la cancha con una gran ovación. La cátedra se inclinaba con una ventaja de 20 a 12 por Arzamendi. El saque le correspondió a Berolegi, y marcó cuatro tantos seguidos. Las apuestas, sin embargo, apuntaban a favor de Arzamendi. No tardó en empatar a cinco y adelantarse en el marcador. Julián mostraba una gran maestría en aquello que los entendidos llamaban toque. Berolegi, por su parte, quería demostrar que su habitual destreza era más que suficiente para derrotar al león. Cada tanto que marcaban constituía toda una pelea, y el público no cesaba de aplaudir el magnífico espectáculo que estaban ofreciendo. A partir del empate a 19, fue Berolegi quien se antepuso. La gente que apostó por lo bajo se mostraba satisfecha y confiada en su victoria. Durante los siguientes tantos no hizo sino mantenerse la proporción, y se produjeron muchos empates, a 23, 25, 26, 28, 30 y a 37, este último de los más peloteados, que marcó Berolegi. Jugaba en los cuadros delanteros unas pelotas muy difíciles, logrando derrotar al poderoso contrincante. Los espectadores se pusieron en pie para aplaudir al famoso delantero.
Se produjo otro empate a 38, y un último a 43. De ahí en adelante Arzamendi se impuso haciendo gala de una fuerza pasmosa. Julián llegó a la última vuelta sin que Berolegi marcara más de dos tantos, que en esta última fase no llegó a demostrar ni un cuarto de lo que venía realizado durante el partido. Estaba irremediablemente doblegado a la bravura del extraordinario contrincante. Así, aquel primer Campeonato de Remonte finalizó con un resultado de 50 a 45.
Ambos jugadores contaban con una nutrida afición que les dedicó una larga ovación. El periodista del diario El Pueblo Vasco afirmaba haber disfrutado de uno de los mejores partidos de la historia del remonte. El partido se prolongó durante dos horas, una duración inusual para tratarse de la modalidad individual; de hecho, los pelotaris tuvieron que sentarse en varias ocasiones para recuperar el aliento. Terminaron extenuados. No olvidemos que por aquel entonces acostumbraban a jugar con alpargatas, y que durante los partidos que por lo habitual se disputaban a 50 tantos los rompían unas dos o tres veces.
La cátedra perdió por haber apostado en exceso por Arzamendi. El tanteó les obligó a realizar varias modificaciones para equilibrar la desproporción inicial. Aquellos que jugaron por debajo, sin embargo, no dejaron escapar la ocasión.
  












domingo, 8 de diciembre de 2013

JOSÉ Mª URZELAY (URZELAY I) INCIÓ SUS ACTIVIDADES EN EL AÑO (1887-1916)


José María Urzelai (Urzelai I)


Azkoitia-Guipúzcoa año 1876
José María Urcelay (Urzelay I). Nació en Azkitia el 3 de Junio de 1876, fue el pelotari , que con Txikito de Azkoitia y Marcos Astigarraga (Errezabal I) escribieron grandes paginas en la historia de la pelota a mano a principios del siglo veinte.
El, pelotari Azkoitiarra Urzelai I, fue el último de los tres manomanistas de los primeros años del siglo XX, con Marcos Astigarraga (Errezabal I)  y Txikito de Azkoitia a quien Bernardo Garate (Cantabria). Arrebató el titulo de Campeón en el año 1906. Sus actividades más sobresalientes fueron la victoria alcanzada en el frontón Jai-Alai, de San Sebastian contra el fenómeno Zamorano, y el torneo a zurdas disputado entre Urzelay I, Marcos Astigarraga (Errezabal  I) y Fernandez, se le consideró el mejor manomanista del decenio 1895-1905.
Txikito de Azkiotia, sufrió una doble derrota frente a Bernardo Garate (Cantabria), en octubre de 1905 se concertaron dos partidos (mano a mano) en el frontón Municipal de Bergara entre  el Txikito a la sazón el campeón y  Bernardo Garate (Cantabria), el partido se concertó,  Txikito solo con la izquierda y derecha de aire, con el saque libre, Cantabria, con las dos manos y el saque desde el cuadro tres. En ese partido, José Joaquín Larrañaga estableció una marca con el saque, sacando desde el txoko consiguió apuntarse 13 tantos, Cantabria, se alzó con la txapela de Campeón-manomanista al vencer la pelea  por (22-15).


Bernardo Garate (Cantabria) “Campeón-manomanista” (1905-1911) el día de su homenaje acompañado a su derecha del Alcalde de Ermua-Vizkaia, fue en el año 1950.

Ermua-Vizckaia 20 de Mayo de 1883
Bernardo de Gárate “Cantabria I” nació en Ermua-Vizcaya el 19 de mayo de 1883 y a la edad de 14 años sufrió una caída que le dejó inutilizado su brazo izquierdo, lo que no le impediría ser un excepcional pelotari, merced a su resistencia, a su temperamento luchador y a su versatilidad en la ejecución de los saques, que unas veces eran largos y arrimados y otras cortos y venenosos, como balas rasantes que apenas botaban unos centímetros.
Fue considerado como Campeón-manomanista, desde su última victoria sobre el Txikito de Azkoitia en 1905,hasta su derrota en 1913 por “Zapaterito de Lekeitio”Cantabria y Txikito de Azkoitia se enfrentaron en varias ocasiones, venciendo unas veces Txikito y otras veces Cantabria. Hasta que el de Azpeitia, con muy buen criterio, prefirió dedicarse a jugar como delantero en partidos por parejas y olvidarse de los enfrentamientos “manomanistas”, que si constituían auténticos acontecimientos no le habrían permitido jugar a pelota durante los veinte años largos que estuvo en activo.
A partir de entonces, su presencia fue casi obligada en todas las combinaciones estelares que se organizaban en todos los pueblos importantes con motivo de sus fiestas, patronales y otras festividades, cumpliendo siempre a carta cabal hasta que, sintiéndose sin fuerzas, decidió retirarse  en el año 1923.

       
 Partido Histórico en el frontón de verano el “Jai-Alai” donostiarra, el gran txikito de Azkoitia se enfrentó en solitario a los hermanos Dongaitz.

Jugaba Txikito de Azkoitia, un partido en el Jai-Alai, de Ategorrieta contra la pareja formada por los hermanos Dongaitz, en el que llevaba ventaja  El Txikito que, sin embargo, no se atrevía a arriesgarse en dejadas ya que el menor de los hermanos era un verdadero acróbata velocísimo, capaz de alcanzar pelotas increíbles.
Mediado el partido sintió Txikito que perdía la mano derecha y a partir de ese momento no pensó en otro recurso que pusiera a salvo el dinero apostado por él, que jugar con la izquierda, alargar los tantos y esperar que se hiciera de noche para pedir la suspensión del partido por causa de fuerza mayor. Y así resistiría tantos de 20, 22 y 28 minutos antes de rendirse o tirar el partido. Y todo ello sin hacer un gesto que indicara lo que sucedía, lo que hubiera podido suponer una cierta connivencia con apostadores, que él nunca tuvo…


Marcos Astigarraga (Errezabal I), nacido en Elgoibar en 1887, fue uno de los tres grandes manomanistas de principios del siglo veinte. Dejo la pelota a mano y debuto como remontista en el frontón Moderno de San Sebastián

El primero que lo consiguió fue Marcos Astigarraga, “Errezábal I” pelotari nacido en Elgoibar en 1887 y fallecido en Vidani en 1926 que después de ser manista destacado se hizo profesional de remonte, en un memorable partido que tuvo por marco el frontón Astelena Eibarrés, Errezábal I, terrible sacador, obtenía una gran ventaja con esta jugada en la superficie pulimentada de aquella kantxa, que el Txikito aún superior en el peloteo, no podía contrarrestar.
La revancha se jugó en San Sebastian sacando del cuadro dos, y el triunfo fue para el de Azkoitia, a quien ya estaba esperando otro rival, Cantabria, que también había vencido a  
Marcos Astigarraga (Errezabal I).

ANDRÉS JUARISTI SUSTARRA (SUSTARRA I) Y FRANCISCO ARANO (BALTASAR)

Andrés Juaristi (Sustarra I) y  Francisco Arano (Baltasar)


Año 1900-1925
Este fue el gran pelotari  “Sustarra I” intención, inteligencia, intuición del punto flaco del contrario, y aún del momento de decaimiento que le resta moral; ataque constante, inteligente, con un final inesperado, que desearía al enemigo y hace reír al público en medio del delirio y del aplauso, desmedrado de figura, levantado de espaldas, delgado con una coloración enfermiza que acentuaba su aspecto triste, jamás atleta alguno tuvo a su servicio, aparato muscular más reducido. Pero en aquella mirada que centelleaba en la penumbra proyectada por la “txapela”, siempre adelantada sobre la frente, se adivinaba el tesón, la energía que desbordaba de su aspecto exterior en cuanto entraba nuestro hombre “en situación” Sus primeros pelotazos en un partido eran anodinos, flojos; daban la sensación de que escasamente dominaba el peso de la pelota.
Los espectadores que le veían por vez primera, juzgaban exageraciones de la fama, las proezas que se le atribuían. En efecto aquellas manos exangües, no templaban la pelota todavía; tampoco “el genio”, el coraje se había encendido. Pero al momento a los tres tantos, empezaba a inquietarse, siguiendo el vuelo tranquilo de la pelota del frontis a los zagueros, molesto por aquellas pegadas que quitaban de su jurisdicción la pelota.
Con el pretexto de descansar a su compañero, descendía al cuadro cuatro y en violenta convulsión de los talones a la txapela, pegaba formidables mandobles, procurando una arrimada que trajera la pelota a su campo. Enardecido ya, pero siempre dueño de sus nervios, empezaba la serie de jugadas “llenas de veneno”. Una dejada a la punta desde el txoko; una dejada en medio de la kantxa; otra descolocando a la pareja, y otra, y otra, siempre en sitio inesperado, manteniendo en danza continua a la pareja contraría, que acababa por perder el tino en la distribución de kantxa, corriendo juntos a una pelota, o dejándola ambos, creyéndose relevados mutuamente de acudir a ella; tropezándose en una estorbada cómica; perdidos, en fin, en aquellas jugadas sin dureza, pero dirigidas por un hombre sereno, calculador de distancias y apreciador del estado de ánimo de sus contrarios. Después de esta serie de sobresaltos, una jugada, decisiva, a dos-paredes o la cortada al “txoko”, que era en Sustarra I, un primor de ejecución, terminaba el tanto, electrizando al público haciéndole levantarse de sus asientos, convulso de tanto reír.
Hay un término técnico en la pelota, que creo nació con este pelotari.
“Retorcer la pelota” “biurta” como decimos en  vascuence. Es dar efecto, torcedura, travesía a la pelota, para que al tomar el ángulo a una flexión violenta de riñones, además de llegar por piernas.
Nadie ha ejecutado esta jugada como Sustarra. Su cortada al txoko, retorcida, colocada, pletórica de “veneno” terminaba muerta “dentro” si no alcanzaba justamente el ángulo, cogía “pared-txikita” tan txikita que no había piernas que la alcanzaran.Pero la ocasión mejor para apreciar la idiosincrasia especialísima de este pelotari la ofrecían los partidos “malos” los que se perdían por circunstancias especiales, como pérdida de la mano de su zaguero, o por un cúmulo de casualidades: picada de pelota, tantos de pifia etc.etc. “Sustarra I” entonces, parecía desafiar a la suerte, queriéndola reducir por las malas, enganchándola a su carro de vencedor.
Mantenía durante horas una tensión inexplicable; acudía a todas partes; pegaba con dureza, extendiendo la pelota como el primero; atisbaba un descuido del delantero, para mandar en seguida una jugada descolgada como una “icia” y aprovechándose de aquella confusión, establecía el “dominio” en el tanto llevándolo casi siempre a buen término.
En el descanso obligado por el cansancio de los contrarios Sustarra I, se quitaba las alpargatas por no confiarse ahora a unas nuevas; tiraba la txpela con coraje bajo la chapa del frontis y con la pelota en la mano, al borde de la kantxa, inquieto, parecía reprochar a los contrarios sus prolongados descansos. ¡!Había que aprovechar la racha¡¡. Cotizaba su valor moral superior en aquel momento al de la pareja contraría.
Entre los episodios más curiosos de su vida de pelotari coloco los partidos jugados en Bergara y Eibar, contra Cantabria, con el saque desde el cuadro tres éste y saque libre de Sustarra I.
En aquella época Cantabria había revolucionado el juego del (mano a mano).
Sus portentosas facultades y su indudable técnica le proporcionaron grandes triunfos contra Txikito de Azkoitia y Errezabal I.
 Casi no tenía rival serio sin embargo, después de un primer partido, en el que Sustarra I, hizo un papel muy mediocre, confió éste a algún amigo, la esperanza de ganar fácilmente a Cantabria partidos sucesivos, siempre que le quitaran al de Ermua su terrible saque.
Así se concertó el partido en Bergara y jugado admirablemente por Sustarra I, consiguió, triunfar en toda regla dejando en nueve tantos al enorme Bernardo Garate (Cantabria) en medio del asombro de los Eibarreses, que se dejaron las pesetas jugadas con “momio” crecido a favor de Cantabria.
La táctica de Sustarra I, en aquel partido fue, colocar seguida y constantemente, la pelota en el cuadro tres y medio, en rebote alto, procurando aquilatar únicamente la colocación, para cansar a Cantabria obligándose a devolver a derecha y en violento escorzo, aquella serie interminable de arrimadas que aburrieron al coloso Cantabria, haciéndole perder gusto e iniciativas que pasaron a su afortunado rival. Sustarra I, hombre sencillo y bueno, gustaba pasar desapercibido.
De poca conversación, sobre todo en Castellano y descuidado en su indumentaria, de muchacho modesto de pueblo, nadie hubiera creído al verle en la terraza de algún café del Boulebard de San Sebastian, o en la algarabía de la feria de un pueblo, que era el ídolo de los públicos y el número uno, que se disputaban los empresarios. Mucho menos parecía “ídolo y fenómeno” en su pueblo natal, colgado de un trapecio-andamio, componiendo, un canalón en el alero de un tejado, o cantando con afición, no exenta de innato sentido musical, una Salve o Misa de Réquiem en el coro de la parroquia de Azkoitia.
Hombre modesto e ingenuo, al que trastornaron los días brillantes, y que al retirarse a su pueblo, supo continuar su vida de ritmo suave y comedido, desde estás páginas me complace llamarle sabio, al que tantas veces se ha llamado artista.
¡!Con él y con José Joaquín Larrañaga (Txikito de Azkoitia) se fue el juego emocionante de delanteros en el que se hermanaban la fuerza, la destreza, la técnica y la brillantez¡¡


sábado, 7 de diciembre de 2013

DATOS BIOGRAFICOS Y PROFESIONALES DE PELOTARIS
HISTORICOS DEL SIGLOS XIX Y XX


AÑO 1895
El juego de pelota que había llegado, por diversas causas, a perder la popularidad que le era necesaria para poder subsistir.
Pero la condición natural de este deporte, el antiquísimo y complejo esqueleto  de su historial y la brillantez de sus recientes periodos de evolución debían, forzosamente producir una reacción, ya que no espontánea, al menos provocada por un prurito de reconocimiento y conservación por parte de elementos reconstructores
A las primeras manifestaciones de actividad y de propaganda respondió un movimiento de popularización que irá intensificándose a medida que se avance en este periodo evolutivo.
Lo que antes se manifestaba de una manera espontánea y desordenada, necesita hoy, por exigencias de la época, un elemento promotor, tal vez artificial, de organizaciones ajenas hasta ahora al desenvolvimiento del juego de pelota, pero a cuya sombra, o al margen de las cuales, puede el juego encontrar el estimulo y la orientación que hoy le faltarían ante las tendencias y las costumbres que privan.
Así, en territorio francés, se ve que el juego recobra de día en día su perdida popularidad y aun va adquiriendo mayor extensión, bajo las nuevas formas organizadas con que ahora se manifiesta.
Mientras se incorpora este deporte al programa de las grandes competiciones de la VIII Olimpiada y se constituye, con un amplio programa, la Federación Francesa de Pelota: y se construye en París un nuevo frontón bajo los auspicios de la flamante Federación y se organiza anualmente y con gran espectáculo de la semana de “Pelota-Basque”, multiplicándose, con este motivo, los nuevos frontones en todo el país vasco-francés; mientras toda esta actividad reanima la vida del juego de pelota, en nuevo elemento, elemento indispensable para el éxito de todas las empresas de todos los tiempos hizo en Francia su aparición, el comentarista.
Vemos a varios escritores franceses entregarse con entusiasmo a comentar el juego de los pelotaris y a admirar la sencillez y el brío de este deporte fundamentalmente atlético y clásico.
Estos escritores admiran y cantan el juego, y su ambiente, y su clasicismo plástico, envuelto en todos los atractivos que para el habitual residente de población tiene las escenas y los festejos que en el pueblo y en la aldea pueden encontrar.
Han descubierto el lado pintoresco, superficial, del “espectáculo regional”, una modalidad del deporte conservada con casi todos sus caracteres primitivos, cosa que siempre es interesante al viajero para contrastar y refrescar sus gustos, ya demasiado convencionales y manidos.
Han sabido sin embargo, escapar a la influencia perniciosa de los explotadores de ese género que hemos llamado “espectáculo regional”, explotadores cuyo único interés está en elaborar programas y festejos, que por su extravagancia sirvan de “atracción al forastero”. Merced a estos industriales de la farsa hemos podido ver producirse el juego de pelota en el ambiente chillón y de colorín de la fiesta de los toros, y mezclado con “boleros” y con cuantas mascaradas tenían a mano y a bajo costo.
Pero, a pesar de esto, a pesar de haber sabido los escritores franceses sustraerse a estas adulteraciones, toda la belleza de sus cantos y la misma sinceridad de sus comentarios, que tan espléndidos frutos han producido, traslucen, precisamente en punto de vista extraño al juego de pelota.
Juan de Irigoyen, bien empapado del asunto, ha nacido y vivido en el ambiente; ha sentido el espíritu del juego; se ha familiarizado con sus técnicas y su mecánica; ha descubierto el valor moral del pelotari y ha sabido presentárnoslo como atleta y como hombre, dentro y fuera de la kantxa; lo ha rehabilitado a los ojos de aquellos que sólo veían en él al instrumento utilizado para fines de especulación comercial.
Nos ha descrito aspectos de la evolución experimentada por el juego a lo largo de los últimos años.
Juan de Irigoyen ha contribuido, con esta labor, al amejoramiento del estímulo personal del pelotari, elevando su moral enalteciendo las ventajas de unos y señalando los defectos de otros.
Hemos visto, gracias a sus comentarios, interesarse al gran público que vivía alejado
De los frontones, por el decaimiento de forma del jugador y…por el estrépito del trasiego de dinero, que eso sí que no había decaído.
Sus comentarios fueron, una vez más, la gran fuerza de propaganda que coronó de éxito los esfuerzos a favor de la expansión del juego de pelota.
Ha laborado Irigoyen porque las empresas organizadoras presten una mayor atención al aspecto atlético y deportivo de este juego.
Los resultados de sus críticas están demostrando, cada día, que el público acude a los frontones en busca de la emoción, altamente deportiva que producen la habilidad y la lucha competida y sincera de los pelotaris.
Todo esto era reverdecer viejos valores y descubrir otros nuevos; era interesar al pueblo en sus propios productos, era producir una nueva fase del interés público; era estimular a la obra y al amejoramiento, y por todo ello encajaba con toda propiedad en la finalidad que se persigue desde las columnas del diario Bilbaíno “Excelsior”, periódico nacido para la expansión intelectual y efectiva de un pueblo demasiado viejo, y que por lo tanto debe volver a nacer.
Juan de Irigoyen y “Excelsior” se han sentido atraídos por el mismo ideal, y durante los dos años de existencia de este periódico han sembrado espléndida semilla en varios sectores de su actividad.
Hoy recogemos, en este libro, un grupo de artículos que constituyen la base firme de un renacimiento en el juego de pelota.
Es solamente una parte de la copiosa labor de Juan de Irigoyen  ha realizado.


EL JUEGO DE PELOTA A MANO Y SU RESTAURACIÓN

Son ya contados y muy viejos los que pudieran hacer revivir los días grandes de “Bisimodu, El Cura de Laba de Marquina, de Pola, del Txikito de Eibar de aquellos grandes pelotaris, cuyas actuaciones, movían enormes masas de aficionados, y en los que el juego de pelota tenía un ceremonial de solemnidad, de culto tradicional, muy lejos del “espectáculo” que hoy lo deforma.
Para aquellos mayorazgos, hidalgos rumbosos, gentes de alcurnia, notarios, curas y rectores, Vizcaínos y Guipuzcoanos, que aconsejaban, acompañaban a los pelotaris, representándoles en las solemnidades de depósito de “señal” e insaculación de pelotas, bajo fe de depositarios honorables el juego de hoy estaría desprovisto de aquella seriedad consustancial al mismo, y que hacía insospechables la perfidia y la traición.
El juego de pelota sufrió un trasplante atrevido, y en contacto con nuevos ambientes y en lucha con otros deportes, llegó a convertirse en “juego de Empresa”, no muy distinto de los practicados en todos los centros de recreo.
Queden pues archivados en la memoria con los débiles contornos de un “daguerreotipo”, el saber local de la pelota en su primitivo ambiente honesto y familiar; en las kantxas pueblerinas, rebordeadas con humilde hierba, con sencillos tablados improvisando tendidos, con las sillas de preferencia sacadas del salón de la casa  del cura; con el banco del presbiterio, cerrando un ángulo; con las fuertes voces apostando onzas por los bandos; con las personalidades de más viso en primera fila, animando a los pelotaris y señalando los puntos débiles del contrario y la táctica a seguir. Algo que es trasunto modificado en sentido progresivo de las escenas pauntadas, hemos alcanzado, no hace aún muchos años y nos proponemos rememorar en éstas crónicas, dedicadas al resurgimiento de la afición a la pelota a mano, juego que se desenvuelve mucho mejor, en ambientes más naturales que los de las Empresas de los grandes frontones.
Era la época en que cedía el entusiasmo por el juego de la “cesta”que tuvo una floración espléndida, gracias, no solamente a su condición de juego brillante, sino a la calidad excepcional de sus cultivadores; Lizureme, Txikito de Eibar, Samperio, Mardura, Irun el León; Portal, Gamborena, Pedrós, Elicegui y toda la serie de pelotaris que dieron vida al a la Pelota-Vasca.
Convertida la pelota en juego de Empresa, menudeaban los partidos en proporción indebida con el esfuerzo necesario para el “juego de bolea” y decayó ésta; vino el revés único; luego la retención, primero mínima y progresivamente mayor, hasta el “juego sucio” de coger la pelota encestarla, mirar al contrario andar cuadro y medio y lanzarla como con una catapulta.
Los verdaderos aficionados retraídos en los pueblos, ya no prestaban atención a los partidos diarios, que se jugaban en las grandes kantxas de los frontones, Eukaduna, de Bilbao, del Jai-Alai y Beti-Jai de San Sebastián, del Central de Madrid; Condal de Barcelona, y un largo etc.etc.
En los pueblos, particularmente en Azkoitia, Azpeitia, Elgoibar y Markina, había un plantel de buenos pelotaris de mano, pero sin la debida preparación para ofrecer espectáculos de emoción.
Las individualidades salientes eran, sin duda el gran “Chochorra, Urcelay I por Guipuzcoa, y el Estudiante de Markina por Vizcaya.
Así la oposición tenía el tradicional carácter de contender los Provincianos (como llaman a los Guipuzcoanos en Vizcaya) y los Vizcainos, Urcelay I, era la elegancia y soltura mismas.
Poseía una “zurda” prodigiosa, aun no superada por ningún pelotari; acometividad, en jugadas, saque violento, seguridad a prueba de constancia.
El Estudiante que lo era de sacerdote, representaba la fuerza, la seguridad, el mantener a su antagonista a distancia respetable, desde donde se hace aventurada toda jugada decisiva.
Se concertaron varios partidos en Gernika (17 de agosto de 1900), Markina, Durango, Eibar (Frontón Viejo), Azpeitia, siendo variados los resultados, pero galvanizando la afición latente en los pueblos y acudiendo en masa el público con entusiasmo creciente a presenciar las proezas de los campeones que fueron los héroes y figuras preeminentes de aquellos años del siglo XIX.
Se hablaba de nuevos pelotaris que en breve saldrían a la palestra: Takolo, Sustarra, Txikito de Azkoitia (el futuro as de la pelota a mano), Errotatxo, Baltasar, Barbero, Modesto y Romualdo Larrañaga; y comenzó la nueva era, delirante de entusiasmo, con llenos en frontones grandes como los de Bergara, Durango y Markina.
El partido de mano era lo primero e imprescindible en los festejos de las villas y las carreteras de Guipuzcoa y Vizcaya se veían de nuevo invadidas por las clásicas “cestas”, conduciendo aficionados que salvaban los puertos de Azcárate, Urcaregui, Areito, para presenciar entusiasmados las faenas de sus ídolos.
Daban un crecido contingente los curas de los pueblos vecinos, y aun lejanos, jugándose algunos las pesetas muy bravamente.
Al año de esta restauración del juego de pelota sale a las kantxas, joven aún y ya maestro, José Joaquín de Larrañaga, (Txikito de Azkoitia), alrededor de cuyo nómbrese escribirá la historia de la pelota en los diez años siguientes.
Pero llegados aquí, merece que a tan gran señor hagamos el merecido honor.


JOSÉ JOAQUÍN LARRAÑAGA “TXIKITO DE AZKOITIA”
EL REY DE LA PELOTA A MANO

Fotografía histórica de José Joaquín Larrañaga (Txikito de Azkoitia)
Acompañado de otro grande de la pelota a mano (Pequeño de Azkoitia )
Azkoitia año 1883

AZKOITIA-GUIPÚZCOZ AÑO 1900
El juego a mano es el modo natural de jugar a pelota, que ha estado siempre presente, subyacente en todos los demás juegos, desde tiempo inmemorial, incluso, por supuesto en los tiempos en que la pelota no podía denominarse, vasca..
Ahora bien, cuando la pelota se introduce, casi subrepticiamente, en las prácticas sociales del área vasca, lo hace con la mano enguantada: así es como juegan,
Juan Martín Inda (Perkain) y Azantza, Kurrutchet y Simon de Arrayoz “el Navarro”.
En aquellos tiempos, y en otros anteriores de inmemorial antigüedad, incluso a mano descubierta jugaban los pastores en sus “pillota-soroak” de Aralar de Urbia, de Larhune o de Soule.
Después en los casi cien años que dura el proceso de adaptación de la pelota, hasta convertirse en un juego netamente vasco, se perfeccionan y modifican las herramientas: se trata en definitiva de salir a la kantxa con el arma necesaria para vencer.
Se alargan los guantes, se introduce la “shistera” y de halla la divertida innovación del “ble”.Y con el “ble”, que juega la juventud, casi a escondidas, contra el muro lateral de una iglesia “o algún arkupe” cuando llueve, vuelve a descubrirse la belleza de l juego a mano limpia al que elevan de tono jugadores tan renombrados como el Cura-Laba de Markina o el Txikito de Eibar.
Y mientras los grandes de la herramienta se convierten en rutilantes estrellas de los frontones industriales no ya sólo de Bilbao o Donosti, sino incluso, de Madrid, Barcelona, Valencia, Buenos Aires, La Habana y México; en las pequeñas e industriales villas de Euskal-Herria meridional se apasionan por el “ble a mano”, donde empiezan a brillar los guipuzcoanos (Chochorra, Urcelay y el estudiante de Markina.
Corre el año 1900 y se anuncian partidos a mano en Gernika, Markina, Durango, Eibar y Azpeitia, con resultados variados que galvanizan a una afición que acude en masa a llenar los frontones.Pronto los nombres de Takolo, Sustarra, Txikito de Azkoitia, Errotatxo, Baltasar, Barbero, Modesto y Romualdo Larrañaga serán tan famosos como los “shisteristas” madrileños o argentinos.
De entre todos estos nombres destacará uno sobre todos: el de José Joaquín Larrañaga, “Txikito de Azkoitia”.

LA ÉPOCA DE TXIKITO DE AZKOITIA
José Joaquín Larrañaga (Txikito de Azkoitia) nació en Azkoitia el año 1883 y si ha habido alguna vez un deportista que ha merecido el ser considerado como “plaza-gizon” un caballero dentro y fuera de la kantxa éste fue “Txikito” que nunca se envaneció de sus triunfos, a quien la gloria no alteró un ápice sus costumbres, que hizo honor siempre a sus obligaciones como deportista y que nunca rehuyó enfrentarse a ningún  rival.
Debutó en las kantxas cuando era todavía un joven de diecisiete años y se distinguió desde sus comienzos por el reposado y científico de su juego, el estudio del contrario y la preparación de sus remates, que precedía siempre de una situación de dominio que lograba con una colocación precisa de la pelota. “Colocaba las cortadas desde el cuadro tres, por orden de intensidad, no arriesgando el tanto en las primeras, pero persiguiendo la intranquilidad del contrario con aquellos pelotazos que buscaban la pared izquierda en rebotes largos, peligrosos. A medida que la contestación era más débil, forzaba el maestro la jugada, hasta que, colocada en condiciones favorables la pelota corría delante seguro y confiado que no podría hacer otra cosa que entregarla, para entra a bolea y rematar como un martillazo, amagar con fuerza y dejarla muerta junto al txoko, cruzarla de dos-paredes, o en un esfuerzo supremo, sacudir la bolea al cuadro tres y medio, cogiendo desprevenido al contrario y encajándola a menudo en el mismo cuerpo”. Dueño y señor de las kantxas, tuvo que ir enfrentándose y además (mano a mano) a todos los nuevos pelotaris que iban saliendo; o jugar en solitario contra parejas, algunas tan famosas como Txortena hermanos; Dongaiitz hermanos o Mendizábal y Japonés. Todo lo cual mermaba considerablemente sus condiciones físicas.
Había además, el morbo de ver derrotado al invencible.
El primero que lo consiguió fue Marcos Astigarraga, “Errezábal I”, pelotari nacido en Elgoibar en 1887 y fallecido en Vidani en 1926 que después de ser manista destacado se hizo profesional de remonte, en un memorable partido que tuvo por marco el frontón Astelena eibarrés Errezábal terrible sacador, obtenía una gran ventaja con esta jugada en la superficie pulimentada de aquella kantxa, que el Txikito aún superior en el peloteo, no podía contrarrestar. La revancha se jugó en San Sebastián sacando del cuadro dos, y el triunfo fue para el de Azkoitia, a quien ya estaba esperando otro rival, Cantabria, que también había vencido a Errezabal I. Bernardo Gárate “Cantabria I”, nacido en Ermua el 20 de mayo de 1883 y a la edad de 14 años sufrió una caída que le dejó inutilizado su brazo izquierdo, lo que no le impediría ser un excepcional pelotari, merced a su resistencia, a su temperamento luchador y a su versatilidad en la ejecución de los saques, que unas veces eran largos y arrimados y otras cortos y venenosos, como balas rasantes que apenas botaban unos centímetros. Fue considerado como Campeón desde su última victoria sobre el Txikito de Azkoitia hasta su derrota en 1913 por “Zapaterito”).
Cantabria y Txikito de Azkoitia se enfrentaron en varias ocasiones, venciendo unas veces Txikito y otras veces Cantabria. Hasta que el de Azpeitia, con muy buen criterio, prefirió dedicarse a jugar como delantero en partidos por parejas y olvidarse de los enfrentamientos “manomanistas”, que si constituían auténticos acontecimientos no le habrían permitido jugar a pelota durante los veinte años largos que estuvo en activo.
A partir de entonces, su presencia fue casi obligada en todas las combinaciones estelares que se organizaban en todos los pueblos importantes con motivo de sus fiestas, patronales y otras festividades, cumpliendo siempre a carta cabal hasta que, sintiéndose sin fuerzas, decidió retirarse  en el año 1923.

PARTIDO HISTORICO
Jugaba Txikito de Azkoitia, un partido en el Jai-Alai, de Ategorrieta contra la pareja formada por los hermanos Dongaitz, en el que llevaba ventaja  EL Txikito que, sin embargo, no se atrevía a arriesgarse en dejadas ya que el menor de los hermanos era un verdadero acróbata velocísimo, capaz de alcanzar pelotas increíbles.
Mediado el partido sintió Txikito que perdía la mano derecha y a partir de ese momento no pensó en otro recurso que pusiera a salvo el dinero apostado por él que jugar con la izquierda, alargar los tantos y esperar que se hiciera de noche para pedir la suspensión del partido por causa de fuerza mayor.
Y así resistiría tantos de 20, 22 y 28 minutos antes de rendirse o tirar el partido.
Y todo ello sin hacer un gesto que indicara lo que sucedía, lo que hubiera podido suponer una cierta connivencia con apostadores, que él nunca tuvo…”





José Joaquín Larrañaga, (Txikito de Azkoitia) falleció el 4 de octubre de 1964 a los 
81 años.